"¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor" (Lam. 1:12, R. V.).
"¿No es nada para vosotros? Vosotros que pasáis de largo, ¿no os importa esto? Contemplad y ved si hay dolor... como el que me ha sobrevenido, con el que Jehová me ha afligido en el día de su ira" (Lam 1:12, K. J. V. con B. T.).
Imagínate si un bebé yace muerto en un charco de sangre al borde de la carretera y la gente va pasando y nadie se conmueve. Uno dice, indignado, ¿Cómo es que los bomberos no lo han recogido todavía?" Otro menea la cabeza murmurando, "¡Qué asco!" Una mujer se acerca y le quita los zapatos para su nieto. Otro le insulta, "Anda que no es feo". Y otro, señalando con la cabeza: "Dejado de la mano de Dios. Será malvado. Más vale que muera ahora que como delincuente dentro de unos años". La mayoría pasen, miran, y siguen con sus diversas conversaciones, sin comentario alguno.
Insultos. Desprecio. Ignominia. Eso fue como Jesús murió. Su muerte pasó desapercibida, sin importarle a casi nadie, salvo a unas pocas mujeres de la clase baja. Murió en un lugar feo, en una vieja cantera, a lado de la carretera, sitio de ejecuciones, debajo del nivel de la calle. La gente pasaba por allí en camino a Jerusalén o en dirección contraria, hacía Damasco, y le veían desde arriba. La mayoría ni paraban para contemplar el espectáculo. No significaba nada para ellos. Estaban hartos de ver ejecuciones romanos y esta era una más.
La narración de Mateo no se centra en el dolor físico de Jesús, sino en el desprecio con que muere, como nosotros miramos un perro muerto a lado de la autopista. Los comentarios que cita son pocos, pero significados. "Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres día lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz" (Mateo 27:39). Burla y sarcasmo. "De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los ancianos, decían, A otros salvo, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él" (Mat. 27: 41, 42). La gente que pasaban, los líderes religiosos, y los
criminales (v. 44), todos a una voz le desprecian: "Dijo que confiaba en Dios. Claramente es un fraude, porque si fuese cierto, Dios lo defendería". Mateo quiere fijar nuestra atención en que todos los segmentos de la sociedad desde la gente común, hasta los líderes, incluyendo a los criminales, todos le desprecian.
Jesús dice: "Mas yo soy gusano, y no hombre, oprobio de los hombres y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen, estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; sálvele, puesto que en él se complacía... Me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies, contar puedo todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre me ropa echaron suertes" (Salmo 22: 6-8 y16-18).
Así murió Jesús, sin importarle a nadie: "Despreciado y desechado entre los hombres...como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos" (Is. 53:3). ¿No es nada para ti?
MArgarita Burt
Última actualización el Viernes, 24 de Mayo de 2013 10:55
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Carles
08. Mayo, 2013 | #
Bueno, pues yo soy uno de estos ignorantes que cree en el poder de Dios, no ya para sanar a una persona con metástasis sino para algo...
ricardo andres
05. Mayo, 2013 | #
No me sirvió, que mujeres de la reforma, más bien hombres de la reforma