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“En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, y me has hecho estar delante de ti para siempre” (Salmo 41:12).

 

            La integridad es la cualidad más importante que una persona puede tener, el más importante de los valores. Significa hombría de bien, probidad, honradez, rectitud, lealtad, ser justo, ser consecuente, ser una persona en la cual se puede confiar. Es tener una honestidad profunda, estar abierto a la verdad y permanecer en ella aun si hemos de sufrir las consecuencias, porque más vale sufrir que perder la integridad, que es la medida de nuestro valor como persona. Una persona de integridad honra su promesa y sus votos; el valor de su palabra es lo que vale como persona. No jura por Dios, porque él mismo es la garantía de la verdad de lo que dice. Su palabra le vale más que la vida, porque, ¿para qué sirve la vida si hablas y los demás no pueden creer que honrarás lo que has dicho?  No podrán fiarse de ti. Y si no se fían de ti, ¿quién será tu amigo? Solo otros que tampoco son de fiar.

 Job mantuvo su integridad (Job 13:13-19). Fue leal a Dios aun cuando Dios parecía ser desleal a él. La otra opción fue maldecir a Dios y morir, como sugirió su esposa. ¿Por qué implicaba morir? No porque Dios se enfadaría con él y la mataría, sino porque si has basada tu vida sobre Dios y te resulta falso, entonces tu vida se queda sin base, se colapsa y mueres. Job también fue leal a sí mismo. Sabía la verdad acerca de sí mismo y la defendía, aunque otros le acusaron de ser mentiroso e hipócrita. Sabía que era honesto hasta la médula. Sus amigos lo cuestionaban, por motivos de su teología equivocada, pero era justo aquello que Job mantenía, su integridad. No negaría a si mismo. Negarse es autodestruirse.

 

Los once discípulos eran hombres de integridad. Cuando Pedro negó al Señor, fue falso a sí mismo, a sus principios, y llegó a ser despreciable en sus propios ojos. ¿Quién puede vivir consigo mismo si no se respeta? Judas no fue un hombre íntegro. No se centraba en una verdad fuera de sí mismo, sino en sus propios intereses. Una persona así no puede vivir consigo mismo, así que, al final, se suicidó.

 

 Los que son de la verdad vienen a Jesús porque se identifican con su naturaleza que es la verdad. La verdad, integridad, honestidad, sinceridad, lealtad, y ser consecuente, todos van juntos. Una persona que es así encuentra un amigo del alma en Jesús y es atraído por él. Pilato preguntó a Jesús que era la verdad, pero no se detuvo para escuchar la respuesta, porque no creía que la verdad existiera, y luego mató a la verdad, tanto en la cruz, como en sí mismo. Jesús dijo: “Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37). La persona que no lo es, no cree lo que Jesús dice. No tiene integridad y termina destruyéndose. El grado de nuestra integridad determina nuestra respuesta al evangelio

 

La integridad de Jesús le costó la vida. ¡Pero también consiguió su resurrección! “En cuanto a mí, mi integridad me ha sustentado y me ha hecho estar delante de ti para siempre” (Salmo 41:12). La persona de integridad es la persona que vivirá delante de Dios para siempre.

Margarita Burt

 

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