22 Enero 2012
Hay una espiritualidad vivida de cara a la congregación y una espiritualidad de cara a Dios. Muchos creyentes sinceros solo dan expresión a su fe en las reuniones. Cuando leemos el Nuevo Testamento, vemos que tanto el Señor Jesús como los apóstoles cantaban, predicaban, oraban y evangelizaban en todo lugar: en casas, al ir caminando por la calle, en el aposento alto en una fiesta, en la cárcel, en el campo, al descansar junto a un pozo, en barcos, en carros, en la playa, en alta mar; donde estuviesen, allí había “cultos”. Pero no eran cultos formales, programados, sino reuniones o encuentros espontáneos dirigidos por el Espíritu Santo: “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef. 5:19,20). Otra cosa muy diferente es una mentalidad “cultual” que es más o menos así:
Por tanto, el aspecto comunitario de la vida espiritual se practica en la iglesia. En el hogar puede haber conversaciones acerca de la iglesia o de otros creyentes, pero no hay comunión en la Palabra, en oración o por medio de la música. La pareja no ministra a Dios juntos en casa ni mira para edificarse el uno al otro. La religión es una cosa personal y la adoración una actividad eclesial. Sin embargo son un matrimonio espiritual. ¿Qué pasa? ¿Dónde está el malentendido?
Comentarios (0)