07 Julio 2012
Según un artículo reciente publicado en el periódico británico "The Guardian", "reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero podría salvar a la humanidad de un ataque alienígena, según afirman los científicos. Visto desde lejos, los seres extraterrestres podrían considerar los cambios en la atmósfera de la tierra como sintomáticos de una civilización fuera de control y actuar drásticamente para impedir que se conviertan en una amenaza aún más seria, según explican los investigadores. Este escenario, extraordinariamente especulativo, es uno de varios descritos por un científico afiliado a la NASA y sus colegas de la Universidad de Pennsylvania que, aunque lo consideran improbable, dicen que podría suceder cuando los humanos y los alienígenas establezcan contacto en algún punto del futuro".
Según el corresponsal de la sección de Ciencia de dicho periódico, Ian Sample, "los alienígenas verdes (o sea ecologistas) podrían no estar de acuerdo con los daños ambientales que los humanos hemos causado en el planeta y borrarnos del mismo. Y por eso "debemos limitar nuestro crecimiento y reducir nuestro impacto sobre los ecosistemas globales, particularmente limitando nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, dado que la composición de la atmósfera puede ser observada desde otros planetas".
Aplicando el enfoque gramático-histórico al artículo, he sacado la siguiente interpretación. Básicamente, lo que el artículo dice es : Hola, soy un científico. Lo sabes porque llevo una bata blanca y he practicado mucho mi capacidad para impresionarte con palabras grandes que suenan muy bien. También poseo una imaginación salvajemente especulativa, lo cual supone un gran aliciente para científicos incapaces de sacar ninguna evidencia empírica o deducir información a partir de los hechos. Cuando uso mi imaginación salvajemente especulativa, prefiero llamarla "investigación". Los gobiernos me dan dinero para dedicarme a mi "investigación" y si les entretengo bastante con ella, consigo que me den aún más fondos para continuarla.
Parece que el público está satisfecho con cualquier explicación que comience con las palabras "los científicos dicen que..." Es más, parece que muchos teólogos no sólo están satisfechos con esta frase sino que también sienten la necesidad de rendirse a esta "investigación" impuesta.
Para ser justos, sí que existe una ciencia empírica donde se hacen pruebas, se compilan datos y se sacan conclusiones. La ley de la gravedad se deriva de la verdadera ciencia empírica, por tanto la llamamos "ley". Se puede probar, medir, repetir y observar. Por otro lado, la teoría evolucionista darwinista y la cosmología del Big Bang no son hechos empíricamente probados. No se pueden probar, medir, repetir ni observar. A pesar de ello, la mayoría de los ámbitos académicos "cristianos" sienten una enorme presión para acomodar estas teorías e intentar encajarlas en el primer capítulo de la Biblia.
El primer capítulo del Génesis es una lectura muy simple para el hombre corriente sentado en un banco corriente. Dios da un relato cronológico de los seis días que se tomó para crear el mundo (y el universo). Este estilo o género literario se llama narrativo (otros géneros son la poesía, las parábolas, la profecía y las epístolas). La narrativa bíblica son las porciones de las Escrituras que ofrecen el relato de acontecimientos históricos. Es el género más común en toda la Biblia, y comprende más del 40% del Antiguo Testamento y casi el 60% del Nuevo. Los teólogos deseosos de acomodar a las Escrituras las perspectivas científicas sobre los orígenes que hoy prevalecen, se enfrentan con dos opciones: o rechazar los primeros once capítulos de Génesis en conjunto o cambiar el género, de narrativo a otro cualquiera.
Los primeros once capítulos de Génesis no aportan ningún desafío hermenéutico importante a cualquier intérprete bíblico, pero sí a aquellos que quieren llevar la etiqueta cristiana sin que sus amigos de las batas blancas se rían de ellos. El error más popular entre los "académicos y eruditos" ha sido reclasificar el relato de la creación como poesía en vez de como narrativa. Están dispuestos a admitir que el Génesis cambia al género narrativo un poco más adelante, aunque no saben dónde exactamente ni cómo decidir esa línea particular de demarcación.
Trágicamente, muchos de estos académicos no se dan cuenta de que sus esfuerzos para ganarse a la comunidad científica son a costa de perder el evangelio. Negar a Adán como figura histórica, negar la caída y la maldición como un acontecimiento histórico literal y admitir que la muerte sucediera antes de Adán, son puntos que violentan gravemente el evangelio bíblico excluyente. Un evangelio que requiere una caída para introducir el pecado, el pecado para que viniera la maldición, la maldición para introducir la muerte, y un segundo Adán para derrotar a la muerte.
El hecho de que todo el libro del Génesis es narrativo sería evidente si no fuera por las presiones interpretativas externas que vienen desde fuera de la propia Biblia. Cada uno de los ejemplos bíblicos donde se usa "yom" (la palabra hebrea que significa "día") con un numeral delante se refiere siempre a un día literal – por tanto seis días literales de creación como el primer capítulo de la Biblia afirma claramente. Las características de la poesía hebrea como el lenguaje figurativo y los paralelismos también están ausentes de los primeros once capítulos de Génesis. El profesor John Currid afirma: "No existe indicación de que haya un lenguaje figurativo en Génesis 1. Si esta narración debería considerarse una sucesión de imágenes poéticas, uno esperaría encontrar muchos de los elementos esenciales del lenguaje figurativo (como esquemas, metáforas, y otros tropos), pero no hay ninguno".
El profesor Doug Kelly aporta más pruebas de peso en cuanto a esto: "Encontramos más confirmación de la naturaleza no poética, histórica de relato de la creación de Génesis en la manera que el Nuevo Testamento utiliza estos primeros capítulos. Ciertamente, para aquellos que se toman el Nuevo Testamento en serio, y están comprometidos con la persona y la obra del Señor Jesucristo y con la verdad misma, el enfoque que el Nuevo Testamento haga del Génesis será de la mayor importancia. No importa cuántos esfuerzos exegéticos se hagan, pero no se puede encontrar ni el más mínimo vestigio de una perspectiva poética de Génesis 1 al 11 en ninguno de los libros del Nuevo Testamento. Por supuesto, puede que uno no esté de acuerdo con el uso literal, histórico que el Nuevo Testamento hace de Génesis 1 al 11, pero honestamente no podrá encontrar en sus páginas nada más que una lectura simple de estos capítulos como hechos literales y relavantes (Douglas F. Kelly, "Creación y Cambio").
La batalla por el Génesis subraya la importancia de este asunto y trae a colación algunos de los principios interpretativos más importantes en el género narrativo:
1. Dios solo es el héroe de cada historia. Las narraciones bíblicas contienen relatos de personas que vivieron en aquellos tiempos, pero principalmente son sobre el Dios que trabaja en, a través, para o contra estas personas. Adherirse a este principio es un gran remedio para la tendencia moderna de los predicadores a moralizar las narraciones bíblicas.
2. Las narraciones son descriptivas, no prescriptivas. Aunque podría resultar tentador intentar interpretar una narración como un ejemplo, o un consejo de cómo los cristianos deberían vivir, es necesario recordar que las narraciones no intentan mostrarnos cómo debemos vivir, sino meramente describir los hechos como sucedieron.
3. La narrativa debe ser interpretada a la luz de su contexto literario más amplio. Todos los pasajes bíblicos narrativos deben ser situados en su contexto teológico. Por ejemplo, cuando leemos los libros que recogen las crónicas de las vidas de los reyes de Israel y Judá, se espera que el lector esté familiarizado con el Pentateuco para poder comprender las leyes y costumbres que aparecen en estos libros.
4. La narrativa debe ser interpretada a la luz del libro en el que se encuentra. El intérprete debe considerar el propósito y los temas del libro y considerar cómo esa narración contribuye al propósito del libro.
5. El intérprete debe sumergirse en el contexto histórico y cultural de la narración. Leer las narraciones repetidamente, hará que el lector penetre cada vez más en el mundo del autor y de su audiencia.
6. El punto culminante de la interpretación de la narrativa bíblica es determinar el propósito teológico del pasaje. La narración puede ser histórica, pero su propósito es teológico. Al descubrirlo, el intérprete debe prestar especial atención a cuatro elementos: la selección del material, el uso de la repetición, el uso de comentarios editoriales y el uso de resúmenes o sumarios.
Estos principios aportan un marco excelente para interpretar las narraciones bíblicas. Es arriesgado esforzarse en encontrar algo entre líneas que niega lo que está claramente escrito en las líneas. Cuando Dios entregó a Moisés los Diez Mandamientos, grabó estas palabras en piedra como recordatorio eterno de por qué ordenó a Israel observar el día del sábado: "Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día" (Éxodo 20:11a). ¡Dudo que Dios grabara un poema en piedra y lo llamara mandamiento!
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