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EL TESTIMONIO DE UN HOMBRE DE DIOS

 

“Porque tú nos has probado, oh Dios; nos has refinado como se refina la plata. Nos metiste en la red; carga pesada pusiste sobe nuestros lomos. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas, pasamos por el fuego y por el agua, pero tú nos sacaste a un lugar de abundancia” (Salmo 66:10-12).

El salmista está celebrando la poderosa liberación de Dios. En medio de una  terrible situación en la cual pasó “por el fuego y por el agua”, clamó a Dios y Dios le oyó: “Ciertamente Dios me ha oído; él atendió a la voz de mi oración. Bendito sea Dios, que no ha desechado mi oración, ni apartado de mí su misericordia” (v. 19, 20). Así concluye el salmo. Tenemos tres versículos dándonos la explicación de lo que pasó (v. 10-12), dos que hablen de cómo Dios le sacó de esta tremenda prueba (v. 19, 20), y el resto del salmo (15 versículos, la vasta mayoría), es un cántico de alabanza a Dios por su gloriosa y poderosa liberación. ¡Está emocionado hablando de la grandeza de Dios! Vamos a mirarlo.                 

“Aclamad con júbilo a Dios, toda la tierra; cantad la gloria de su nombre; haced gloriosa su alabanza. Decid a Dios: ¡Cuán portentosas son tus obras!” (v. 1-3). ¿Qué es lo que ha hecho? Ha derrotado al enemigo (v.3), por lo tanto: “Toda la tierra te adorará y cantará alabanzas a ti, cantará alabanzas a tu nombre” (v.4). Pero no solo esto, sino también: “Convirtió el mar en tierra seca; cruzaron el río a pie”. Por lo tanto: “Regocijémonos allí en él”. Dios domina sobre las naciones del mundo: “El domina con su poder para siempre; sus ojos velan sobre las naciones; no se enaltezcan los rebeldes” (v. 7). Por lo tanto: “Bendecid, oh pueblos, a nuestro Dios, y haced oír la voz de su alabanza” (v. 8).

El salmista dice que Dios es el que los conservó con vida y no permitió que fuesen destruidos por el enemigo (v. 9), y luego explica lo duro que ha sido la prueba para ellos. Era como tener el enemigo cabalgando sobe sus cabezas, como estar atrapados en una red, como estar doblegados bajo un peso insoportable, ¡pero no murieron!, porque Dios les conservó la vida. Después de pasar por estas experiencias terribles, Dios les introdujo en un periodo de descanso y bienestar. ¡Esta es la parte que nos interesa a nosotros! La prueba no dura para siempre. Hay un después. Salimos de la prueba refinados y rebosando de alabanza a Dios. Este es el motivo de este salmo.

El salmista lo pasó francamente mal, pero después estaba mejor como persona, más maduro, más espiritual: “refinado”, como lo llama él (v. 10). Llegó a ser menos carnal, menos egoísta, menos incrédulo, y más vivo para con Dios. Dice: “Venid y oíd, todos los que a Dios teméis, y contaré lo que él ha hecho por mi alma” (v. 16), y explicará a todo el mundo cómo Dios le sacó de una prueba muy grande y luego le puso en un lugar de abundancia, en un estado de felicidad en el Señor, en el cual no quiere hacer más que alabar a Dios. ¡Tenemos el mismo Dios!

 

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